NÚRIA PERAIRE – LA VIDA EN ‘KIWI’

 waitomo caves barcaUna de las rutas por las Waitomo Caves acaba aquí.

El hambre hace magia. El instinto de supervivencia puede provocar grandes atrocidades, pero también grandes maravillas. Como la que se puede ver en las Waitomo Caves, un grupo de 300 cuevas situadas en la isla norte de Nueva Zelanda.

Existen desde hace unos dos millones de años, pero no fue hasta el 1887 que se descubrieron. A través de grietas y hoyos en la superficie se accede a cavernas y ríos subterráneos. Una vez se desciende, entre la oscuridad, se ben pequeñas luces verdosas por todo el techo. Son un tipo de luciérnagas que han encontrado en estas cuevas de piedra caliza su hábitat perfecto. Tienen oscuridad, silencio y la suficiente humedad.

El secreto de su luminosidad es el hambre. En medio de la tiniebla, la luz les sirve para atraer pequeños insectos que devoraran. Cuanto más hambrientas están, más brillan. Son tan numerosas que en la Glowworn Cave crean un cielo estrellado, un universo paralelo que se contempla mientras se flota en el río subterráneo que recorre la cueva. La sensación de flotación acentúa todavía más la magia del momento, como si fuésemos un astronauta que observa el universo.

Si entramos al detalle la realidad rompe tanta poesía. Una vez los insectos son atraídos por la luz de las luciérnagas (que bonitas, no son) quedan enganchados en unos finísimos hilos pegajosos que éstas generan con baba.

Los maoríes ya sabían de la existencia de las luciérnagas, pero no fue hasta que entraron en las cuevas que se dieron cuenta de la profundidad y inmensidad de las mismas. Un jefe local maorí, Tane Tinorau, acompañado por un investigador europeo, Fred Mace, fueron los primeros en recorrerlas todas. Los primeros en apreciar la acústica de la Cathedral Cave y los primeros en maravillarse con las estalactitas y las estalagmitas.

Dos años más tarde, Tane comenzó con las visitas guiadas que se mantienen hasta ahora. Existen diversos recorridos y niveles de riesgo. Se puede disfrutar de la cuevas con un pequeño paseo o se puede escoger la ruta más aventurera. It is up to you.

nonameEntrada, evidentemente, para la ruta no aventurera. El paseo es genial.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAÉsta es la entrada a las cuevas para los más aventureros.

(Dentro de las cuevas no se pueden hacer fotos. Aquí encontraréis las fotos oficiales)

NÚRIA PERAIRE- LA VIDA EN ‘KIWI’

IMG_3636Vacas de Nueva Zelanda en Whananaki, abril de 2013. 

Pocas veces la actualidad informativa de Nueva Zelanda se sobresalta. Ésta ha sido una de esas veces. Por fin he disfrutado leyendo el periódico en el otro lado del mundo mientras desayunaba en un café. A falta de Bárcenas, buenas son las vacas. Me explico.

Fonterra, la compañía más grande del país y la empresa exportadora de productos lácteos más grande del mundo, vendió unas 30 toneladas de suero de leche contaminadas con una bacteria que puede causar botulismo (una enfermedad que produce paralización muscular y puede provocar la muerte por parada respiratoria).

La alarma saltó en China donde algunas empresas compraron el derivado lácteo afectado para elaborar leche para lactantes. Con esta información se producía un coctel molotov: teníamos una contaminación alimentaria, que puede afectar a bebés y que implica a una gran empresa de un sector clave en Nueva Zelanda. Rápidamente el CEO de Fonterra, Theo Spierings, que se encontraba en Europa, se trasladó al país asiático y un equipo del Ministerio de Industrias del Sector Primario de Nueva Zelanda empezó a trabajar con el personal de Fonterra para gestionar la crisis. Desde que saltó la noticia la estrategia se basó en la colaboración y la transparencia, el CEO de Fonterra afirmaba “no me iré de China hasta que la situación esté resuelta”.

En cinco días, la empresa láctea ha recuperado todas las partidas de producto contaminado, no hay casos de afectados y se ha encontrado el origen del problema: en una de las tuberías por las que circula el producto se había acumulado polvo de leche. Theo ha vuelto a casa. Lo que todavía no se sabe es el por qué.  Se está haciendo una investigación interna para averiguarlo pero, sobretodo, para recuperar la reputación. La de la empresa y la del país.

La economía de Nueva Zelanda depende de las exportaciones. Del total de productos exportados, los lácteos son el 26%. Lo que significa más exportaciones que la suma de lo que se vende fuera en carne, madera, combustibles minerales y frutas. Además, China es uno de los principales mercados para las empresas kiwis.

Si el sector lácteo entra en crisis puede tener una gran afectación, también a nivel interno. En Nueva Zelanda, ese país en el que se ven vacas y ovejas por todos lados (hay 4,5 millones de habitantes, pero 6,5 millones de vacas y 31 millones de ovejas), la industria láctea supone el 2,8% del PIB y en ella trabajan treinta y cinco mil personas, hasta cuarenta y cinco mil si contamos a los autónomos. Sólo Fonterra da trabajo a once mil personas y si nos fijamos en las área rurales (lo son gran parte del país) 1 de cada 4 puestos de trabajo depende de ésta industria.

No es de extrañar que los granjeros se tomaran la crisis de Fonterra como si fuera propia y el gobierno sabe que si a los granjeros les fuese mal todo el país quedaría afectado. El Instituto de Investigación Económica de Nueva Zelanda ya lo decía en su informe sobre la contribución a la economía de la industria láctea, “si los ganaderos sonríen, todo el país sonríe”.